Guardian Deluxe

Capítulo 2: Rayo de esperanza

Llegaron a la capital casi a las seis. Notaron un muro de piedra que no parecía especial, pero a través de un pasadizo oculto entre las grietas enormes de aquel muro ingresaron a la capital. Su primera reacción fue de asombro: era acogedora y bonita. Sin embargo, mientras caminaban, notaron que las personas se ocultaban en sus casas, asomándose por las ventanas con temor.
—¿Por qué se están ocultando? ¿somos nosotros? —preguntó Aka, preocupado.
—Quizás fue mala idea venir —mencionó Markel, incomodo.
—No es por ustedes, no se preocupen —interrumpió Yeico—. La verdad es que estar sin protección durante tantos años, acechados por los Voru, ha quebrado casi toda esperanza en las personas, es dificil imaginar que tenemos algún futuro.
Aka los miró con pena, pero siguió caminando detrás de el, dejandose guíar junto a su hermano.
Sin notarlo, adentro en el palacio por una ventana, Iris se encontraba viéndolos con suma seriedad, pero dejó escapar una leve sonrisa al notar la presencia de Aka y Markel.

Finalmente, llegaron al palacio real. Todos los soldados hicieron una reverencia a la monarca sustituta, excepto ambos hermanos, quienes se mantuvieron al márgen.
Yeico le explica a Meily sobre ambos chicos, la expresión serena de ella se transformó en asombrosos para rapidamente convertirse en una mueca de felicidad genuina.
Yeico prosiguió, esta vez con un tono más melancólico.
—Perdimos a Edward —Yeico inclinó la cabeza en señal de disculpa por la tragedia ocurrida.
—Alza la mirada, lo hiciste bien, todos ustedes. La pérdida de Edward no fue en vano y, lo más importante, estoy agradecida de que hayan vuelto sanos y salvos. Han hecho un fantástico trabajo, pueden volver a sus hogares.
—¡Muchas gracias, Monarca Meily! —exclamaron los soldados reconfortados.
—Hermano, necesito que seas tú quien lleve la mala noticia a la familia de Edward, por favor —pidió Meily, con la tristeza reflejada en su mirada.
—¿Pero te vas a quedar sola con ellos dos? no quiero eso —respondió Yeico, con un tono de preocupación evidente.
Markel, siempre observador, frunció el ceño, claramente incómodo con la conversación, pero prefirió mantenerse en silencio.
—Estaré bien —insistió Meily con una voz suave, casi maternal—. Quiero hablar con ellos a solas y asegurarme de que se sientan cómodos. Yeico dudó por un instante, pero finalmente asintió, aunque no sin cierta reticencia. Antes de partir, prometió regresar lo más pronto posible




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