Llegaron a la capital casi a las seis. Notaron un muro de piedra que no parecía
especial, pero a través de un pasadizo oculto entre las grietas enormes de aquel muro ingresaron a la capital. Su primera
reacción fue de asombro: era acogedora y bonita. Sin embargo, mientras
caminaban, notaron que las personas se ocultaban en sus casas, asomándose
por las ventanas con temor.
—¿Por qué se están ocultando? ¿somos nosotros? —preguntó Aka,
preocupado.
—Quizás fue mala idea venir —mencionó Markel, incomodo.
—No es por ustedes, no se preocupen —interrumpió Yeico—. La verdad es que
estar sin protección durante tantos años, acechados por los Voru, ha quebrado casi
toda esperanza en las personas, es dificil imaginar que tenemos algún futuro.
Aka los miró con pena, pero siguió caminando detrás de el, dejandose guíar junto a su hermano.
Sin notarlo, adentro en el palacio por
una ventana, Iris se encontraba viéndolos con suma seriedad, pero dejó escapar una
leve sonrisa al notar la presencia de Aka y Markel.
Finalmente, llegaron al palacio real. Todos los soldados hicieron una reverencia a la
monarca sustituta, excepto ambos hermanos, quienes se mantuvieron al márgen.
Yeico le explica a Meily sobre ambos chicos, la expresión serena de ella se transformó en asombrosos
para rapidamente convertirse en una mueca de felicidad genuina.
Yeico prosiguió, esta vez con un tono más melancólico.
—Perdimos a Edward —Yeico inclinó la cabeza en señal de disculpa por la tragedia
ocurrida.
—Alza la mirada, lo hiciste bien, todos ustedes. La pérdida de Edward no fue en vano y, lo más
importante, estoy agradecida de que hayan vuelto sanos y salvos. Han hecho un
fantástico trabajo, pueden volver a sus hogares.
—¡Muchas gracias, Monarca Meily! —exclamaron los soldados reconfortados.
—Hermano, necesito que seas tú quien lleve la mala noticia a la familia de Edward,
por favor —pidió Meily, con la tristeza reflejada en su mirada.
—¿Pero te vas a quedar sola con ellos dos? no quiero eso
—respondió Yeico, con un tono de preocupación evidente.
Markel, siempre observador, frunció el ceño, claramente incómodo con la
conversación, pero prefirió mantenerse en silencio.
—Estaré bien —insistió Meily con una voz suave, casi maternal—. Quiero hablar
con ellos a solas y asegurarme de que se sientan cómodos.
Yeico dudó por un instante, pero finalmente asintió, aunque no sin cierta reticencia.
Antes de partir, prometió regresar lo más pronto posible
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Última actualización: 21/06/2025
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