—Me estoy durmiendo... ¿Por qué no usas tu habilidad de alma? ¿De verdad crees que puedes
vencerme así? ¿Me estás subestimando o qué? —exclamó la Paladina, lamiéndose la
sangre de sus garras con una sonrisa maquiavélica.
—¿Habilidad de alma...? —preguntó Aka, confundido y jadeante.
—¿Qué clase de Guardian Deluxe eres tú? Eres el más tonto al que me he enfrentado
hasta ahora, me das náuseas. Voy a acabar con esto de una vez por todas —dijo la
Paladina, ahora irritada—. Tu princesa ya debe estar muerta, así que date por vencido.
Aka reflexionó sobre sus palabras, pero recordó que su hermano aún estaba cerca del
palacio y, sabiendo que Meily podía defenderse sola, no sintió temor por su estado
actual. Se puso en guardia.
—Te dije que te des por vencido, ¿es que no me escuchaste? —preguntó la Paladina,
visiblemente confundida e irritada.
—Cállate, ¿acaso parece que no puedo continuar? ¿Por qué haces todo esto? —preguntó
Aka.
—Porque los humanos son como cucarachas molestas. ¿Por qué no simplemente se
mueren de una vez?Todo esto es culpa de que existan, me dan asco. —respondió la Paladina, dejando a Aka estupefacto. Su rostro se
endureció en enojo mientras enfocaba su mirada en ella.
—Tu...si que me das asco —dijo Aka, empuñando su espada con determinación, apuntando
con el filo directo al pecho de la Paladina. La Paladina, aún confundida por el espíritu de
lucha de Aka, se burló y se preparó para atacarlo con sus garras.
—Vaya... ¿acaso te enojaste? —exclamó la Paladina mientras atacaba a Aka, quien
aumentó la velocidad de sus movimientos, empujando a la Paladina a retroceder, una lucha mortal ocurria.
Mientras tanto, Markel y Meily unían fuerzas para enfrentarse al Paladin. Meily usaba sus
dagas para intentar cortar y apuñalarlo, pero él no parecía darles importancia. Su
concentración estaba más enfocada en los constantes ataques de Markel, quien parecía
usar más sus patadas y puños que el mismo hacha que portaba.
—No me darás si no usas tu arma para matarme. ¿Acaso no te das cuenta? —dijo el
Paladin con tranquilidad, saltando para mantener distancia.
—Esto de las armas es un dolor de cabeza, la escogí sin pensarlo mucho —respondió Markel, indignado.
—No te preocupes, si logro atravesarlo, bastará con eso. —Dijo Meily empuñando sus
dagas con firmeza.
En ese momento, los tres notaron cómo las casas de la capital se incendiaban, dejando a
Meily con la boca abierta. Aprovechando la apertura, el Paladin intentó apuñalar a Meily,
pero Markel arrojó su hacha, golpeando la guadaña antes de que perforara su piel. El
Paladin giró sobre su otro pie, levantando la otra pierna para asestar una patada al costado
de la princesa. Meily actuó rápido, protegiéndose del impacto, aunque no pudo evitar ser
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Última actualización: 21/06/2025
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