Guardian Deluxe

Capítulo 4: Paladín

—Me estoy durmiendo... ¿Por qué no usas tu habilidad de alma? ¿De verdad crees que puedes vencerme así? ¿Me estás subestimando o qué? —exclamó la Paladina, lamiéndose la sangre de sus garras con una sonrisa maquiavélica.
—¿Habilidad de alma...? —preguntó Aka, confundido y jadeante.
—¿Qué clase de Guardian Deluxe eres tú? Eres el más tonto al que me he enfrentado hasta ahora, me das náuseas. Voy a acabar con esto de una vez por todas —dijo la Paladina, ahora irritada—. Tu princesa ya debe estar muerta, así que date por vencido.
Aka reflexionó sobre sus palabras, pero recordó que su hermano aún estaba cerca del palacio y, sabiendo que Meily podía defenderse sola, no sintió temor por su estado actual. Se puso en guardia.
—Te dije que te des por vencido, ¿es que no me escuchaste? —preguntó la Paladina, visiblemente confundida e irritada.
—Cállate, ¿acaso parece que no puedo continuar? ¿Por qué haces todo esto? —preguntó Aka.
—Porque los humanos son como cucarachas molestas. ¿Por qué no simplemente se mueren de una vez?Todo esto es culpa de que existan, me dan asco. —respondió la Paladina, dejando a Aka estupefacto. Su rostro se endureció en enojo mientras enfocaba su mirada en ella.
—Tu...si que me das asco —dijo Aka, empuñando su espada con determinación, apuntando con el filo directo al pecho de la Paladina. La Paladina, aún confundida por el espíritu de lucha de Aka, se burló y se preparó para atacarlo con sus garras.
—Vaya... ¿acaso te enojaste? —exclamó la Paladina mientras atacaba a Aka, quien aumentó la velocidad de sus movimientos, empujando a la Paladina a retroceder, una lucha mortal ocurria.

Mientras tanto, Markel y Meily unían fuerzas para enfrentarse al Paladin. Meily usaba sus dagas para intentar cortar y apuñalarlo, pero él no parecía darles importancia. Su concentración estaba más enfocada en los constantes ataques de Markel, quien parecía usar más sus patadas y puños que el mismo hacha que portaba.
—No me darás si no usas tu arma para matarme. ¿Acaso no te das cuenta? —dijo el Paladin con tranquilidad, saltando para mantener distancia.
—Esto de las armas es un dolor de cabeza, la escogí sin pensarlo mucho —respondió Markel, indignado.
—No te preocupes, si logro atravesarlo, bastará con eso. —Dijo Meily empuñando sus dagas con firmeza.
En ese momento, los tres notaron cómo las casas de la capital se incendiaban, dejando a Meily con la boca abierta. Aprovechando la apertura, el Paladin intentó apuñalar a Meily, pero Markel arrojó su hacha, golpeando la guadaña antes de que perforara su piel. El Paladin giró sobre su otro pie, levantando la otra pierna para asestar una patada al costado de la princesa. Meily actuó rápido, protegiéndose del impacto, aunque no pudo evitar ser




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